Ya os dije que vendría a plasmaros el orgullo y la experiencia del día de hoy.
Y aquí me tenéis, sin más ni menos que con muchas cosas guardadas.
Me han preguntado ¿A quién representabas?
Y he contestado, a mí misma, a nosotros, a todos los estudiantes, a todas aquellas personas que lucharon en el pasado por conseguir lo que le han robado, por ti que estás leyendo esto y por todos los que simplemente lo escuchan.
Allí de nuevo, como anteriormente, ascendían globos verdes con el pensamiento de una batalla que organizamos. Una niña de once años expresando lo que siente, lo que realmente entiende y no entiende, y el por qué necesita estar ahí, por qué necesita ser escuchada y preguntándose el por qué no piden opinión por muy pequeña que sea. Los gritos de desesperación, las ansías de conseguirlo, la pasión por dar validez a sus palabras, las ganas del todo por los demás.
¿Y no es pena? ¿No es melancolía? ¿No es humillación?
Todo lo que pasamos, lo que pasaremos ¿No es triste?
Que no es uno, si no que somos muchos y lo peor es que aún podemos ser más, y no lo somos. Ya me basta ver a bebés, a adolescentes, a adultos y a ancianos, ahí en pie, sin quejarse de nada más que de una ley que nos inunda la cabeza y el corazón, a los grandes luchadores natos, que viven y se entregan por el cambio. Un cambio que no es actual, si no un cambio que llevamos toda la vida reclamando, y no para peor como ellos creen que pedimos o como ellos intentan interpretar, si no un cambio para mejor, para dar vida y esperanza, para llenar de ilusiones y hacer realidad los sueños más escondidos.
¿No les basta vernos así?
Pretenden que derramemos lágrimas de sangre, que lleguemos a la muerte si es posible, para darse cuenta de que se equivocan. Y no, no podemos llegar a eso, no podemos llegar a los límites de nuestro camino, para que nos hagan caso, es ilógico e inmoral, es la mayor falta de respeto que nos planta el gobierno o el ministro o quién sea en la cara. Porque no somos más que ellos ni somos menos, somos personas, y quizá ese es el problema, que nosotros somos lo que él o ellos no son, personas.
No quieren el futuro para nosotros, quieren el futuro para ellos.

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